
En la época en que brillaba como el estelar intermedista de los Indios de Cleveland de las Grandes Ligas a mediados de los 90, a Carlos Baerga le gustaba más su uniforme de visitante.
El atuendo local era blanco, tenía letras rojas y le obligaba a comportarse como un esposo y padre ejemplar. El visitante era gris y le permitía vivir como un bebedor y adúltero.

Esa fue la doble vida de Baerga vivió desde que su carrera comenzó a ganar altura a partir del 1991 y le duró hasta que a mediados de la temporada de 1996 los Indios lo cambiaron a los Mets de Nueva York.
En Cleveland, donde vivía su esposa, Miriam Laboy, Baerga se la pasaba entre el parque, su casa y la iglesia. Cuando el equipo jugaba de visitante, alquilaba limusinas, se la pasaba en discotecas y no se sentía satisfecho si no terminaba la noche en los brazos de una fémina desconocida.
Cuando la gerencia de Cleveland, advertida de que su estilo de vida le estaba minando las habilidades que lo hicieron uno de los jugadores más sensacionales de su época, lo cambió a Nueva York, el mundo de Baerga se derrumbó.
Atrás quedó el sueño de llegar a 3,000 hits y al Salón de la Fama. Sin embargo, la experiencia le sirvió para abrir sus ojos y devolver su mirada a Dios y restaurar su vida.

Desde entonces, hay una nueva pasión en su corazón. Su prioridad es predicar el Evangelio y llevar su testimonio a través de su compañía “Carlos Baerga Productions”.
En una entrevista con El Nuevo Día, Baerga habló con total franqueza, sobre la manera en que alcanzó y perdió la gloria, sobre los pasos que dio para reencontrarse con su ser, con su fe y con su familia.
¿En qué momento de tu vida es que comienzas a ceder ante las tentaciones del mundo?
En el momento que llega la fama, las amistades empiezan a invitarte a discotecas y a salir con mujeres. Gracias a Dios que no usé drogas, porque también te llegan. Siempre me había criado en la iglesia y nunca había probado nada de eso. Estaba viendo un mundo diferente y el dinero comenzó a controlar mi vida. Estaba viviendo dos vidas, ya que en Cleveland nunca dejé de ir a la iglesia.
¿Cómo el dinero comenzó a controlar tu vida?
Vivía una vida de glamour. Y era feliz, porque el reconocimiento era mayor, después de ir a tres Juegos de Estrellas y a la Serie Mundial del 1995. Hacía fiestas en las discotecas y salía en limusinas y con mujeres. Con el dinero hacía lo que quería, y como veía que todo lo hacía dentro del terreno me salía bien fácil, también empecé a descuidarme. Los talentos que Dios me dio, no los cuidé.
Cuando salías a una discoteca y compartías con alguna mujer, ¿pensabas en la posibilidad de contagiar a tu esposa con algún tipo de enfermedad?
Seguro. Pero como todo estaba saliendo bien, quién se iba a poner a pensar en las consecuencias.
Y cuando finalizaban tus noches aventureras, ¿te sentías culpable o arrepentido en la soledad de tu cuarto?
Sinceramente, el dinero te hace cambiar. Y como estaba yendo de ciudad en ciudad y veía que las cosas me iban bien, no pensaba en nada. Sí, a veces, al otro día me decía ‘¿qué estoy haciendo?’, pero como seguía poniendo los números no quería cambiar.
¿Cómo podías mantener tu relación matrimonial?
Siempre a mi esposa la trataba bien sin que ella se diese cuenta de lo que pasaba. Ella sí me decía, 'Carlos, recuerda que no fueron tus fuerzas las que te llevaron a las Grandes Ligas, sino que fue la gracia de Dios. Acuérdate lo que le pasó a Sansón que por caer en las faldas de una mujer sus fuerzas se le cayeron. Ella olía que pasaba algo.
¿Y cuándo tu esposa se entera de tu otra vida?
Cuando me cambiaron a Nueva York todo salió a la luz. En ese momento empezaron a salir artículos y noticias en televisión en Cleveland de que me cambiaban a Nueva York por la doble vida que tenía... de andar en limusinas y fiestas de noche. Fue un momento bien duro.
¿Cómo ocurrió esa confrontación con tu familia?
Uno tiene que ser hombre para aceptar las cosas y afrontarlas. Tuve que darle explicaciones de que por qué lo hice y de por qué le fallé. Fue un momento bien difícil, porque te casas para toda la vida y, de momento, la estaba dejando caer de un edificio. Ella estaba viviendo con el enemigo sin saberlo. Fue algo bien fuerte buscar la manera de enamorarla y ganarme la confianza de nuevo.
¿Y cómo pudiste mantener oculta tu doble vida ante los ojos de tu familia?
Sabía hacer las cosas. Cuando íbamos a jugar en la carretera era que hacía mis cosas. Ya cuando regresaba a casa estaba tranquilo y no bebía ni salía.
¿Entiendes que el cambio a Nueva York fue el punto culminante para saber que debías enderezar tu vida?
Ese cambio fue como prender una luz, cuando estás en oscuridad, que te das cuenta de lo que estabas haciendo. Pude entender que no fue la organización de Cleveland ni fue casualidad lo del cambio, sino que fue la mano de Dios la que me libró de la muerte, de alguna enfermedad y de perder a mi familia.
¿De la muerte?
Me libró tres veces. Una vez salía de una discoteca en Milwaukee y unos mafiosos me rodearon porque andaba con una mujer de ellos e iban a tomar venganza. De momento, uno de ellos me reconoció y se fueron. Entendí que fue la mano de Dios la que me libró.
¿Cómo manejaste emocionalmente todo esto... un cambio de equipo, tu descenso como jugador, y tu situación familiar, a la vez?
Lloré mucho. Las cosas no salían como antes y estaba deprimido, porque no quería jugar con los Mets. El cambio me tomó por sorpresa y me hirió mucho que los compañeros de equipo de Cleveland dijeran que ya no tenía pasión por el béisbol y sí para otras cosas. Después de eso no fui el mismo pelotero, pero pude aceptar ser un 'utility' y mantenerme en las Grandes Ligas.
¿Cuándo sientes que tu vida y tu matrimonio fueron restaurados?
Ya para el 1997. Fue un proceso... tomo tiempo. Y le doy las gracias al pastor Ricky Reyes en Nueva York y a la pastora Wanda Rolón, quien fue un punto esencial al bregar psicológicamente con mi esposa, a quien le doy las gracias porque pudo mantenerse conmigo.
Ahora utilizas tu testimonio para ofrecer charlas matrimoniales.
Lo llevo haciendo en los últimos tres años. Lo hago por la alta demanda de divorcios que hay en la Isla. Le digo a la gente que Dios puede restaurar sus corazones y su matrimonio.
Después de pasar esta experiencia, ¿qué haces para mantenerte firme y no volver atrás?
Las tentaciones vienen todos los días y son más grandes que antes. Pero pienso mucho en mi familia, mis hijos, mi esposa y en lo que Dios ha hecho en mi vida. Ya en una ocasión tronché mis sueños de ser una estrella grandísima y ser un pelotero del Salón de la Fama, y ahora no quiero tronchar otros. Le doy las gracias a Dios por su misericordia y por la oportunidad de producir eventos a través de “Carlos Baerga Productions”.

¿Te visualizas entrando a un terreno de juego como coach o dirigente en un futuro?
Han surgido ofertas para dirigir en la liga invernal y para trabajar como coach para Chicago (Cachorros) y Seattle. No puedo cerrar las puertas, pero por ahora lo que estoy haciendo para el Señor me llena más que cualquier cosa. Sigo trabajando como analista para ESPN Deportes, pero Dios quitó completamente la pasión que sentía por el béisbol. Estoy pasando más tiempo con mis hijos y mi esposa, y lo estoy disfrutando.
Por Carlos Rosa Rosa (El Nuevo Día)
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